jueves, 6 de junio de 2013

22-M


22 de Mayo. Amaneció otra vez sobre Buenos Aires. Como era habitual, la mayoría de las personas de a poco se iban levantando, desayunaban, para luego salir a cumplir con sus obligaciones.
Sin embargo pasaba algo que no era normal. No se veían autos, ni colectivos, motos o camiones. Por ninguna parte. Las paradas se iban acumulando de gente que esperaba en vano la llegada de algún colectivo. Se alborotaban, protestaban, hasta discutían entre ellos. Pero nadie sabía las razones. Ni siquiera podían juntarse entre varios para tomar un taxi o remis porque tampoco había. De modo que muchos optaban por ir caminando, demoren lo que demoren. Las estaciones de subte y de trenes estaban cerradas, al igual que las terminales de ómnibus.
A medida que iba transcurriendo la mañana las cosas continuaban sin modificarse. Las señoras hablaban en las veredas sin comprender tal situación. Lo mismo ocurría en los kioscos de diarios. Donde muchos se juntaban y conversaban para ver si alguien sabia algo. Las pantallas de tv que siempre informaban sobre el transito colapsado en avenidas como Corrientes, 9 de Julio o los accesos a la ciudad ahora mostraban kilómetros enteros de asfalto donde no pasaba ni un solo vehículo.
Fue la noticia del día. Por encima de la economía, la política, el futbol o los chimentos del espectáculo. Se hablaba en negocios, oficinas. Aunque había una gran mayoría que no pudieron abrir sus puertas ya que los encargados no pudieron llegar. Algo similar pasaba en los bancos, facultades, centros de salud, etc donde no había personal.
Al ver que todo seguía igual muchos se animaban a usar ese espacio libre. Se podía ver abuelos jugando a la bocha en medio de la calle, grupos de amigos a la pelota, otros se sentaban en grupos a tomar mate. Y las avenidas o autopistas se transformaban en pistas donde podía verse una inmensa cantidad de gente corriendo. Aunque algunos también las utilizaban para andar en skate o rollers.
Ya a la tarde empezaron a escucharse ruidos de motores, bocinas o sirenas. Y al poco tiempo caravanas de vehículos iban colmando todos los accesos hasta hacer lo mismo en las calles y avenidas de la ciudad. Lo hacían a alta velocidad y sin respetar el sentido de las calles. Parecería que todos se dirigían hacia el centro de Buenos Aires. Tampoco se preocupaban por la gente. Micros o camiones que iban por Panamericana aplastando a cuantos peatones se le interpongan. Estos a su vez les gritaban o tiraban piedras para que frenaran. Sin embargo los vehículos seguían su marcha. En la autopista Buenos aires- La Plata hacían piquetes o barricadas para que se detuvieran pero les pasaban por encima. Algo parecido ocurría en las demás calles, niños que estaban sentados jugando con sus celulares eran arrollados por filas de coches, señoras que habían sacado su reposera para tomar sol. Ni siquiera las veredas daban seguridad. Ya que eran usadas por las motos o autos pequeños que no tenían compasión por nadie. Por parejas que hacían el amor, vecinos que conversaban, personas en silla de ruedas, amigos que se juntaban para fumar. Todo fue arrasado. Algunos podían zafar subiéndose a algún cantero. Los que vivían cerca corrían y trataban de esquivar la marea de coches para llegar a sus casas. A veces era tal la fuerza de estos que tiraban abajo columnas, postes de alumbrado, árboles. Tampoco se salvaban las esquinas. Bares que eran sorprendidos por colectivos que se estrellaban contra el vidrio provocando destrozos y heridas a comensales, casas donde algún camión que se les metía en el living.
Ya entrada la noche los coches se dispersaron. Y la ciudad hecha un caos. Cadáveres por las calles, ambulancias llevando cuerpos, hospitales que no daban abasto, gente gritando desesperada que perdió algún ser querido, patrulleros para garantizar el orden. Tampoco podían faltar las cámaras de los principales canales de televisión.
Al otro día personal de bomberos y defensa civil de a poco se fue encargando de sacar las ramas, postes o cables que quedaron tendidas en el pavimento.
Y de a poco todo fue regresando a la normalidad. Aunque nada será igual para la cantidad de personas afectadas por aquella masacre . Menos para los que ya no están.
Las semanas fueron pasando y jamás se repitió algo similar. Aunque nunca se supieron las causas de aquel episodio.
De modo que cada 22 de Mayo los familiares y amigos de las victimas se juntan en las principales plazas de la ciudad y el Conurbano para pedir justicia

3 comentarios:

Escritos en tu nombre dijo...

Justicia , que hermosa palabra, pero que olvidada esta. Soy argentina y comprendo el mensaje de tu entrada. Si pedimos justicia pienso en el tren de Once, en el de Castelar y en los accidentes que suceden por negligencia y nadie piensa en las vidas que se pierden.

Un saludo.

maria del carmen nazer dijo...

Meulen !! vengo a enterarme que eres argentina y lo celebro ! Yo soy correntina. Corrientes,república aparte.
Con respecto a las cosas espantosas que pasan en tu provincia me ha afectado muchísimo el caso de la chiquita Angeles. ¡un horror ! Acá también pasan cosas pero no en la magnitud de allá.
te dejo besos de miel y canela.
¡FELIZ VIERNES !! :)

Gustavo dijo...

Hola como andan. Antes no se que pasaba que no podia entrar o ver los comentarios. En cuanto a esto es una ficcion. Casualmente se me ocurrio un dia 22. Pero si escarbamos un poco no esta demasiado lejos de la realidad.
Un abrazo y gracias por comentar